Me hablaste de alas quebradas, de sueños rotos y de amores inconsolables.
Me tocaste y dijiste que no sentías sensación alguna, que tus dedos ya no sentían calor.
Me miraste directamente a los ojos y trataste de decir que ya no tenían un futuro utópico.
Oíste como mi voz te decía mil veces que no lo conseguirías y terminé diciéndotelo tantas veces que perdió el sentido.
Traté de explicarte el color que mi corazón veía con cada movimiento tuyo pero nunca me entendíste.
Quise mostrarte las heridas que dejaron tus sonidos pero nunca quisiste verlas.
Arrastré mi alma hasta lo más incoherente y no significó nada para tí.
Todo lo que escribí por ti y para ti nunca te importó
Y cuando demostré todo lo que perdí,
te desvanecíste, te perdíste, huíste
y nunca volví a verte otras vez.
Las letras lloraban cada vez que volvían a ser leídas.
El sentimiento adherido al papel no quería volver a oír.
Mi inconciente no quiso volver a soñarte.
Mis manos ya no te buscan entre las gotas de lluvia.
Todo fue perdiendo nitidez, forma, color, olor y sentido.
Para mí, esto había llegado a su fin.
Nunca había sentido como los árboles perdían su escencia, como la música se volvía sólo notas sin sentido.
Ahora caigo infinitas veces arrollidada frente a la imagen que desenvuelve mis sueños,
pidiendo perdón.